| Dos
temas centrales: relaciones afectivas y PLAN de VIDA
Nos
faltaría, para completar esta presentación general,
abordar el tema de los vínculos y el concepto de PLAN
de VIDA como herramienta terapéutica
1.
Relaciones afectivas
Las
relaciones afectivas son un condimento importante de la vida
y la salud del paciente bipolar. Los vínculos existen
cuando hay un sentido de contacto, comunicación y comunión
["Para que pueda ser he de ser otro, / salir de mí,
buscarme entre los otros, / los otros que no son si yo no existo,
/ los otros que me dan plena existencia" (Octavio Paz)].
Y siempre es mejor tener una relación, aunque sea tormentosa,
que carecer de ella ["En caso de vida o muerte, se debe
/ estar siempre con el más prójimo" (Antonio
Machado)]; por otra parte, es en el campo de los empalmes afectivos
donde se dirime la batalla por conquistar ese eje interior que
le permite, al bipolar, lograr oscilar ponderada y armónicamente.
En el capítulo "Poniéndole ejes a la vida"
abordamos este tema, pero quiero recalcar que la experiencia
vincular es una llave maestra en la cura de la bipolaridad,
comenzando por la relación terapeuta-paciente que debe
estructurarse como una situación de mucho compromiso,
ya que -tal como señala Harry Guntrip-:
Los
contactos físicos despersonalizados y los contactos intelectuales
despersonalizados deben ser considerados por igual, como traiciones
hechas al verdadero vivir humano, como sustitutos de relaciones
personales genuinas.
2.
PLAN de VIDA
Al
paciente bipolar no hay que proponerle un tratamiento sino un
nuevo PLAN de VIDA, esto es, motivarlo a realizar un cambio
sustancial y progresivo de su existencia.
Este plan va a funcionar como un esquema referencial capaz de
ir ayudándolo a ordenar, afuera y adentro, el remolino
de sus conductas y vivencias. Por otra parte, esto entraña
procurarle un proyecto con el cual identificarse y poder asumir
como propio. De por sí, esto ya tiene eficacia terapéutica,
pero es el conjunto de alternativas -interactuando entre sí,
valga la redundancia- lo que va a ir facilitando su sanación.
El paciente bipolar necesita una regla, no rígida, pero
sí bien estructurada; necesita un tejido que lo sostenga
pero que no lo ahogue; necesita desarrollar espacios sistemáticos
y definidos de actividades diarias sin sentirse en prisión.
En suma, necesita distribuir adecuada y prioritariamente el
tiempo e incorporar acciones rituales (terapéuticas y
no terapéuticas) en la vida cotidiana y en momentos definidos,
que le van a ir permitiendo construir un orden interior y un
dispositivo para enfrentar con éxito su padecer. Tal
andamiaje representa la plataforma inicial para que el paciente
tenga un marco que lo aleje de las crisis y del desamparo y
que, más adelante, funcione como un hábito altamente
positivo y le procure beneficios significativos en el camino
de su cura.
El cambio de vida es un cambio de creencias y cambiando las
creencias podemos cambiar la vida. Pero lo inverso también
es cierto: cambiando la vida (errada) se cambian las creencias
(erróneas).
Este PLAN de VIDA debe incluir las siguientes actividades:
a.
Tratamiento
Los
pacientes deben recibir un tratamiento con las herramientas
más adecuadas para cada circunstancia (algunas de las
cuales describimos y recomendamos en este libro), pero siempre
con la idea de aumentar en el paciente el mayor grado de autonomía
posible; es decir, ayudarlo pero no fomentar la dependencia.
No considero que los diferentes abordajes terapéuticos
sean excluyentes entre sí (y la bipolaridad se presta
para un enfoque de impacto múltiple), pero nos parece
importante, por muchas razones, que cada paciente tenga un "terapeuta
guía" que actúe como tal y sea el punto de
orientación, sostén transferencial y consultor
habitual.
En varios textos sobre la bipolaridad se recomienda el trípode
de la medicación, la psicoterapia y la autoayuda y, en
casi todos ellos, la psicoterapia es considerada un instrumento
de apoyo, secundario a la acción psicofarmacológica.
Creo que hay que revisar este criterio. Se hace tan importante
la participación activa del paciente bipolar en un trabajo
terapéutico sobre sus emociones, vínculos, historia
y personalidad, como el recibir la ayuda de prescripciones que
le permitan sostener sus síntomas hasta que pueda dejarlos
atrás.
Pero el nervio de la cuestión es comprender que el mejor
tratamiento es el que le hace bien y efecto al paciente, el
que lo ayuda a despertar sus poderes y talentos y el que lo
reconforta en su posibilidad de ser feliz. Y esto no se logra
con un "remedio terapéutico" sino con una "relación
terapéutica".
b. Descanso
El
buen dormir, en cantidad y calidad suficiente, es una recomendación
fundamental que el bipolar debe cumplir. El insomnio, el mal
dormir, el poco descanso, el estrés, son factores irritativos
que pueden contribuir a desencadenar crisis maníacas
o depresivas.
Por otra parte, durante el dormir, se elaboran ansiedades, fantasías,
conflictos y miedos. Junto con la natural regeneración
de la fuerza física, un buen sueño procura, además,
una recuperación emocional significativa que aumenta
el bienestar y proporciona alegría y buen humor.
Descansar no es sólo dormir. También incluye aprender
a distenderse, relajarse y reposar. El bipolar debe incorporar
la práctica habitual de encontrar momentos, durante el
día, en el cual ejercitar una relajación profunda
con todos los efectos positivos que esto conlleva.
Es conveniente, para lograr buenos niveles de aflojamiento mental
y corporal, recurrir a técnicas de masajes y baños
de inmersión prolongados que coadyuvan a liberar tensiones,
bloqueos y condicionamientos emocionales arraigados en el cuerpo.
La consigna es no dormirse tenso, no comer tenso, no enfrentar
ninguna situación en estado de tensión. En cualquier
momento que note presión y nerviosismo la prioridad es
relajarse. Del mismo modo, cuando se sienta cansado no debe
exigirse ni acumular fatiga. La distensión, en todas
las esferas de la vida, es para el bipolar un prerrequisito
para alejar riesgos de mayor inestabilidad.
c. Alimentación
Una
alimentación inteligente es un factor para asegurar y
mantener una buena salud, pero sin otros ingredientes como aire,
sol, actividades físicas, descanso, creatividad y emociones
placenteras (entre otras) no hay equilibrio posible. (La dicha
necesita el concurso de muchas manos, a la desdicha le basta
una.)
Nutrición no sólo significa la asimilación
de alimentos necesarios para el mantenimiento de la vida del
cuerpo, sino que hay que pensar que, en el acto de comer, estamos
realizando una actividad mucho más compleja y abarcativa
que el ingerir y digerir, ya que los alimentos no son sólo
combustible, ni el organismo una máquina.
Tener una alimentación hipotóxica, bien balanceada,
a horarios adecuados y rítmicos, sin fanatismo, lo más
simple y natural posible, ayuda al bipolar a lograr un mejor
estado psicofísico que redunda en su armonía emocional.
También lo ideal sería comer despacio y en un
clima acogedor y sereno (y esto vale para todas las personas),
sin televisor encendido, anunciando hecatombes y tentando al
consumismo irracional, y sin entrar en acaloradas discusiones
con los eventuales compañeros de mesa ["No es lo
que entra por la boca lo que contamina al hombre, sino lo que
sale de su boca, esto es lo que contamina al hombre" (Mateo
15:11)].
Hay una serie de recomendaciones alimenticias concretas para
la bipolaridad, que señalaremos más adelante,
pero hay que tener siempre presente el principio esencial de
que:
La alimentación es fuente de vida; al comer estamos asimilando
todo el entorno; los alimentos son energía, son emociones,
y debemos construir una dieta correcta para ayudarnos a no agravar
nuestros males y para ayudarnos a recobrar el balance perdido.
d. Ejercicio
La
práctica de algún deporte -el caminar o correr
todos los días, por ejemplo- también es un factor
muy importante a tener en cuenta. El paciente está en
movimiento, quema el exceso de energía, desintoxica el
organismo, mantiene la flexibilidad corporal y, sobre todo,
promueve una sensación de estar vivo y activo. Y en el
ejercicio detiene el "disco rayado" de su mente.
Por otra parte, el deporte y la gimnasia generan un mayor equilibrio
emocional, algo necesario para el bipolar. Así como en
la alimentación, en el ejercicio físico debe existir
una suerte de disciplina progresiva hasta llevar al paciente
a hacer de aquél un hábito cotidiano.
Sin embargo, hay otro costado en el cual el deporte brinda un
aporte a la cura de bipolaridad. La actividad deportiva lleva,
a quien la practica, a vivir totalmente en el presente, con
gran conciencia de los movimientos del cuerpo, a lograr un buen
equilibrio interior y, cuando se involucra plenamente, a alcanzar
una especie de "estado alterado de conciencia". (En
este sentido un buen ejemplo son los libros de Michael Murphy:
Golf en el Reino y The Psychic Side of Sports.)
Pero lo interesante es que la vivencia bipolar, en sí
misma, también puede ser pensada como un cierto "estado
alterado de conciencia", pero de naturaleza perturbada.
He comprobado cómo el bipolar, al ir viviendo estos mismos
estados en el deporte y aprender a controlarlos y canalizarlos,
puede ir incorporando este aprendizaje a su campo emocional
y descubrir el costado positivo de ellos.
De manera que la actividad física provee no solo bienestar
al cuerpo sino capacidad de dominio, determinación, resistencia
y armonía al psiquismo, y éstas son cualidades
que a la persona bipolar le conviene desarrollar para aliviar
e incluso sanar sus síntomas.
e. Respiración
La
respiración profunda es una habilidad básica para
una vida sana. Provee al cuerpo de vitalidad, facilita la oxigenación
de las células, acrecienta la circulación linfática,
produce una importante relajación muscular y aumenta
la habilidad para controlar los estados emocionales y mentales.
Su opuesto, la respiración superficial, involucra deficiencia
de oxígeno, falta de energía y abundante toxicidad.
El poder de la respiración también es un instrumento
terapéutico muy útil. En esta dirección
se ha desarrollado una terapéutica, la pranoterapia,
que justamente mediante ejercicios respiratorios permite disolver
emociones y estados perturbadores a la par que desarrollar disposiciones
para mejorar el balance psíquico y corporal.
El
aprender a respirar bien ("hasta los pies", como aconsejan
los chinos) es, sin duda, un excelente aporte a una mejor calidad
de vida y un buen instrumento para agregar al dispositivo de
recursos de ayuda para prevenir las crisis bipolares.
f. Aire y sol
Estar
en contacto con la naturaleza, el verde, el aire puro y el sol
es positivo para cualquier persona. Sin embargo, parece que
olvidamos frecuentemente el valor nutritivo que estos elementos
poseen y no nos damos cuenta de lo que representa para la salud
su presencia y para la enfermedad su ausencia.
La patología bipolar es una manifestación psíquica
en la cual estos elementos de la naturaleza juegan un rol protagónico,
ya que revitalizan, dinamizan y al mismo tiempo relajan y desintoxican
el organismo.
Para un bipolar algunos buenos deportes son la natación,
el montañismo y el ciclismo. Al escalar se toma contacto
con el aire puro, el sol, el verde, se comprueban los gradientes
(hay que estar muy atento a los desniveles del ascenso), la
resistencia, la conciencia corporal; los pulmones se revitalizan,
la circulación crece, la afirmación y la estima
personal se fortalecen. Las caminatas en grupo de ascenso y
descenso por una montaña representan una actividad muy
integradora para el bipolar, puesto que abarca lo físico,
lo social, lo emocional y el contacto con los elementos naturales
que complementan la nutrición alimenticia y afectiva
de toda persona.
En
todo plan terapéutico se debe pedir al paciente bipolar
que realice alguna actividad al aire libre y tome sol regularmente
y que tome conciencia de que tales acciones no son una distracción
sino parte importante de su labor de curación.
g. Sexualidad
Otra
cuestión importante a considerar en el cambio de vida
del paciente bipolar es la actividad sexual y las concepciones
que tiene de la sexualidad.
Por diferentes razones observamos, en la clínica, que
su vida sexual es nula, poca, insatisfactoria, indiscriminada
o desbordada. Que muchas veces se manifiesta como pura descarga,
o bien que impedimentos funcionales, de diverso orden, lo alejan
de la plena satisfacción, el placer y el orgasmo.
Pero no es en el área de los rendimientos eróticos
donde reside el problema. El bipolar posee una imagen pobre
y desvalorizada de sí mismo y, aunque la encubra con
manía, ésta persiste tras la fachada omnipotente.
No se cree merecedor de amor y placer, tiene miedo a la intimidad
y al rechazo, y estos conflictos los lleva consigo a la cama
y son los que hay que cambiar para permitirle acceder a una
buena y regular vida sexual, ya que el buen sexo es un elemento
que disminuye los riesgos de desmadre emocional y colabora para
mantener buenos niveles de autoestima, confianza y seguridad
personal e inclusive puede llegar a ser un importante dispositivo
curativo.
De modo que hay que facilitar a los pacientes bipolares el desarrollo
de una vida sexual sana, regular, placentera y completa (en
el marco de un vínculo adecuado), trabajando con ellos
los motivos que les impiden lograrla.
h. Trabajo
El
trabajo es, sin duda, una buena herramienta de recuperación.
Si es posible, una actividad laboral que responda a los intereses
del paciente, pero si no es factible, el solo compás
del trabajo ya lo provee de recursos anímicos positivos
y le da un cierto ritmo que le es muy necesario mantener.
Por otra parte, el trabajar está vinculado aquí
no sólo a la independencia material y anímica,
sino también a la autoestima y el sentirse valioso. Es
por esto que cuando el bipolar se encuentra desocupado conviene
orientarlo a que realice alguna actividad laboral programada
y considerar esto como una extensión de la terapia.
i. Actividad artística, expresiva y creatividad
Un
elemento significativo es fomentar en el paciente la práctica
de alguna actividad expresiva artística o creativa como
la danza, la pintura, la música o el teatro, preferentemente,
con aquella se sienta más identificado y que le permita
dar rienda suelta -insisto mucho en esto- a sus potencialidades
y aptitudes latentes.
Esta ocupación es en sí misma terapéutica,
pero además saca al paciente de la rutina y le permite
elaborar miedos y ansiedades que de otra manera podrían
ir a incrementar los síntomas emocionales bipolares.
["Escribo sólo por matar las tardes, / por no ponerme
a deshacer maletas, / por no arrastrarme por las estaciones,
/ por no andar como el rey de los cobardes, / mustio, con un
ramito de violetas, / en el sepelio de las decepciones"
(Joaquín Sabina).]
j.
Autoayuda
En
cierta medida, constituye uno de los pilares de la recuperación
del paciente bipolar, aunque de ningún modo sustituye
su tratamiento individual con profesionales idóneos.
Se trata de la existencia de grupos de bipolares que intercambian
experiencias, comparten sus vivencias y se ayudan solidariamente
en los momentos de necesidad.
Estos grupos sirven también de sostén y de espacio
propicio para la reinserción luego de una crisis. En
ellos, los pacientes se encuentran con pares que los acompañan
en sus recorridos interiores y saben de qué se trata
porque ellos han padecido lo mismo. De este modo, se sienten
comprendidos y contenidos; descubren que no son los únicos
que tienen este padecer ni son muy diferentes del resto de la
sociedad. A la vez, la solidaridad les permite recuperar la
esperanza de volver a transitar el camino de la vida que creían
perdido.
Ahora bien, por autoayuda entendemos, además, las herramientas
que el paciente bipolar va aprendiendo a lo largo del tiempo
y le sirven para desarrollar estrategias paliativas y de control.
De esta manera, mediante sencillas técnicas, que van
desde la respiración a la digitopuntura, puede encontrar
un soporte cierto que lo auxilie en momentos de adversidad,
angustia o pánico, o bien cuando siente el peligro de
la proximidad de una crisis maníaca o depresiva.
Hasta
aquí hemos presentado las bases generales con las cuales
pensamos el abordaje terapéutico de las personas bipolares.
Lo que continúa en los siguientes capítulos tiene
más que ver con la implementación de estas propuestas
por senderos bien delimitados. Sin embargo, lo previamente dicho
es lo que da sustento y significación a las herramientas.
Siempre es bueno recordar que las técnicas curan pero
lo que sana es la relación, y nunca más cierto
este adagio que en el campo de la bipolaridad.
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