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La RedBipolar es un espacio de encuentro de todos aquellos que estamos tocados, desde el sufrir o desde el interés por este problema de salud.

Los temas, informaciones, contenidos y propuestas, que aquí se abordan, quieren reflejar la esperanza de un presente y un mañana mas venturoso para las personas atrapadas en el sube y baja de las emociones.

Ser bipolar no es una condena ni un callejón sin salida y existen caminos para cambiar esta condición y transformarla en un talento. Solo es cuestión de modificar el enfoque que tenemos sobre la bipolaridad y dejar de recurrir al auxilio externo como su salvación y a alcanzar la estabilidad como su máxima meta, para centrarnos en la tarea de despertar las fuerzas curativas interiores de cada persona y lograr, no dejar de oscilar, sino hacerlo de un modo proporcionado.

Las puertas de esta página están abiertas para lo que ustedes quieran acercarnos para compartir, artículos, comentarios, testimonios, noticias o propuestas.

Fraternalmente,

Eduardo Horacio Grecco
 

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 Me llamo Eduardo Horacio Grecco. Nací en Buenos Aires, esa ciudad argentina, nostálgica y culturosa preñada de contrastes y de luces, recostada sobre un río, al que, de pura introvertida, le da la espalda.

Actualmente resido en México, en la ciudad de Cuernavaca donde las flores y el verde se derraman todo el año y en donde aprendí a saborear la falta de prisa.

Desde mi estudio, veo cielo, montaña, bosque y, cuando salgo a caminar, disfruto del sol y el aire puro. Tal vez sea una descripción bucólica y la realidad sea algo diferente, pero eso es lo que siento en mi piel, en mis sentidos y en mi corazón. Cuernavaca es el sitio donde he logrado reencantar mi vida y donde el tiempo fluye como una celebración.

Mis estudios universitarios formales fueron en el campo de la Psicología, en la especialidad Clínica, pero, posteriormente, el Psicoanálisis, disciplina que enseñé durante varios años.

Una pasión personal por la Historia, las Religiones comparadas y la Antropología me condujo a entrenarme en la visión y el pensamiento estructuralista y campos vinculados como la Lingüística y la Filosofía estructural. El estructuralismo, tanto como el Psicoanálisis, cambian los modos que uno tiene de pensar y me prepararon, intelectualmente, para estar abierto a lo diverso y a lo inesperado.

Sin embargo, la vocación terapéutica y la necesidad de encontrar respuestas y herramientas concretas a los problemas y conflictos que a diario escuchaba en la consulta, me condujo a capacitarme en áreas que iba descubriendo y resultaban afines a mis intereses como la Bioenergética (Lowen, Pierrakos y Keleman), la Psicología Transpersonal (Stan Groff), la Lectura emocional del cuerpo, la Psicosomática y la Psicología Junguiana. Todo parece muy diverso pero tiene un hilo conductor invisible que años después descubrí.

Durante una época fui docente universitario en la especialidad de Psicopatología y presidente de la Asociación Psicopatológica Argentina y si bien esta ciencia permite un rigor y desarrolla la capacidad de observación fui advirtiendo que en los cuadros clínicos no estaba la persona así como en la anatomía no se encuentra el cuerpo humano. Pero una de las cosas que el recorrido por la Psicopatología me dejó como regalo es el interés por las emociones y el comprender que las emociones que no expresamos nos enferman, que los síntomas están en el lugar de una emoción que falta.

Junto al enseñar, el escribir constituye un foco importante y permanente de mi vida. Mis primeros libros publicados estaban relacionados con los temas que en ese momento enseñaba: Psicopatología y Psicoanálisis, como es el caso de Psicopatología y Psiquiatría General, que fue mi bautismo como autor.

En ese entonces sentía que el objetivo de todo mi trabajo tenía que orientarse hacia la comprensión del sufrimiento del hombre y el sentido de su presencia en la vida. El Psicoanálisis me había preparado para eso y los recorridos posteriores dieron mayor fuerza a esta idea. Pero no fue hasta mi encuentro con las obras de Pierre Theillard de Chardin y Edward Bach que pude darme cuenta de que la tierra es una escuela donde venimos aprender y que los síntomas no son algo negativo sino signos que nos hablan de apegos en los cuales estamos atrapados y que no nos permiten evolucionar. Ellos me ampliaron los horizontes del arte de curar y me dieron conciencia de cual era el rol del terapeuta.

Mi encuentro con la Terapia Floral fue un encuentro casual, que como bien dice Jorge Luis Borges, "son citas". Accedí a ella como paciente y luego de ver los efectos sanadores que tuvo en mi salud y en mi vida, comencé a estudiar y a investigar y, desde hace 20 años, tengo a este arte incorporado a mi caja de herramientas terapéuticas.

Una cosa me fue llevando a la otra y durante 10 años fui presidente de la Asociación Iberoamericana de Terapeutas Florales y me convertí en un reconocido maestro y experto mundial en Terapia Floral. Por esto, parte de mi vida, consiste en viajar a impartir seminarios, cursos y conferencias en Argentina, Chile, Italia, México, EEUU, Costa Rica, Cuba, Nicaragua y España, y anteriormente en Brasil, Uruguay, Perú, Venezuela y Colombia. Como corolario de esta labor en el campo de la Medicina Natural, en el año 2003 recibí el Premio Internacional de Naturopatía "Benedict Lust", en ciudad de Málaga, España.

Del mismo modo que accedí a la Terapia Floral, me puse en contacto con el tema de la bipolaridad: como paciente. Ahora puedo reconocer que fui un niño y un adolescente bipolar y que existieron muchos episodios en mi vida signados por este padecer.

Como a muchos otros hermanos en el mismo dolor el diagnóstico llegó tarde y en medio de una profunda crisis existencial. Pude salir a flote y comencé a enfrentarme ante las consignas y directivas que se implementan con los pacientes bipolares y que he resumido bajo la frase: estabilidad a ultranza, patología sin esperanza. Ante esta perspectiva comencé a indagar, a buscar y a experimentar y fui, poco a poco, encontrando respuestas.

Desde hace 13 años me dedico a trabajar con pacientes bipolares y estoy volcando lo que he aprendido en conferencias, seminarios y libros, algunos de ellos, aparentemente, no directamente conectados pero siempre cercanos a la bipolaridad.

En el año 1997 escribí Los afectos están para ser sentidos luego un año mas tarde, Muertes inesperadas, en el 2000 Sexualidad, erotismo y vínculos de amor,  en el 2003 La bipolaridad como don, en el 2004 Despertando el don bipolar, en el 2005 ¿Quien se ha subido a mi hamaca? y Remedios para bipolares, éste último a ser editado próximamente.

Allí, está plasmada mi propuesta de trabajo con pacientes bipolares y mi concepción de la bipolaridad. Mas allá de ser textos, reflejan una experiencia.

Eduardo Horacio Grecco
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